La batalla de Rande
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El día 1 de noviembre del año 1700 moría Carlos II ; el último rey de España, de la Casa de Habsburgo . En su testamento nombraba a Felipe , duque de Anjou , de la Casa de los Borbones . Pero el testamento dejaba lugar a dudas, principalmente respecto al papel del otro posible heredero, Carlos de Austria. La entrada de Felipe en Madrid el 18 de enero de 1701 desata la guerra. Las fuerzas borbónicas; Francia y gran parte de España, y las austracistas ; el Imperio de los Habsburgo , Holanda y Gran Bretaña, se enfrentarán en una pugna por el control del decadente Imperio Español, en la que Galicia apenas tendrá un papel representativo hasta septiembre de 1702. Es ahí cuando se inician los prolegómenos de la batalla de Rande o batalla de Vigo . La necesidad de riquezas para el Tesoro hace percatarse a ambos bandos de la importancia de las flotas de Indias, cargadas con remesas de oro y plata, principalmente. La remesa de riquezas de 1701 se había invertido en la defensa de Cádiz y de Andalucía entera, por lo que los Borbones centran sus esperanzas en la de 1702. Ponen en consecuencia a un experimentado marino al frente de la flota que ha de traer esta nueva remesa; Manuel de Velasco y Tejada , Almirante Real del Océano. Dicha flota de Indias tiene instrucciones de dirigirse al Puerto de Pasajes (Guipúzcoa). También los franceses envían una flota de apoyo o escolta comandada por el almirante conde de Chateaurenaud y el vizconde de Coetlogon. |
Durante lo que queda del año 1701 y comienzos de 1702 se siguen dando instrucciones desde la metrópoli a Manuel de Velasco para el resguardo de la flota. El vizconde de Coetlogon se ve obligado a regresar a Europa, quedando sus siete navíos con averías en el puerto de Veracruz, mientras Chateaurenaud se sitúa con sus fuerzas en Martinica hacia el mes de julio de 1702. Por fin, el 11 de junio de 1702 la flota sale de Veracruz en dirección a La Habana, partiendo de este puerto el 24 de julio ya con la escolta francesa. La flota española estaba compuesta por 23 galeones , de los que tan sólo eran de guerra tres de ellos. Estaban capitaneados por Manuel de Velasco, José Chacón y Fernando Chacón. La escuadra francesa la componían 23 navíos de distintos tonelajes, mandados por el Conde de Chateaurenaud.
Hasta las Islas Azores, el viaje transcurrió con normalidad, pero una vez allí y probablemente por los avisos enviados desde España, Velasco y Chanteaurenaud son informados del inicio de hostilidades entre las monarquías borbónicas y el Imperio, Inglaterra y Holanda y de la posibilidad de que una armada enemiga estuviera al acecho de la flota.
Los franceses proponen dirigirse al puerto de Brest, pero la negativa de los mandos españoles hace que se elija con gran acierto el puerto de Vigo. El criterio es evitar los cabos de San Vicente y Finisterre, posibles puntos de escondite del enemigo. Tras esto, 6 buques se separan de la flota y se dirigen a los puertos de Sanlúcar de Barrameda y Santander.
El Capitán General del Reino de Galicia, el príncipe de Barbanzón , y su maestre de campo, salieron de Vigo al encuentro de la flota, informando a sus capitanes que una gran escuadra al mando del Almirante Rooke había atacado Cádiz el pasado mes (agosto de 1702), y se encontraba en algún punto del Atlántico a la espera de recibir información sobre el destino final de la flota de Indias. Barbanzón era partidario de que la flota se dirigiera a El Ferrol; puerto mucho más adecuado para la defensa que el de Vigo, pero prevaleció la opinión de Chateaurenaud, decidido a no arriesgarse a un enfrentamiento con Shovel en Finisterre y convencido de que al fondo de la Ría de Vigo podrían atracar los galeones con los navíos de guerra al frente, estableciendo una buena defensa ante un posible ataque enemigo.
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Llegada a Vigo Los galeones españoles cargados con el mayor envío que se conocía de tesoros procedentes de América, iban al mando del Almirante y General Manuel de Velasco , estaban protegidos por los navíos franceses a las órdenes de François Louis de Rousselet , conde de Châteaurenault, y entraron en Vigo el día 22 de septiembre de 1702. Se refugiaron en el fondo de la ría , en la ensenada de San Simón, pasado ya el estrecho de Rande protegido por el castillo de Corbeiro al Norte, y el de Rande, al Sur, en lugar de dirigirse a Sevilla , el puerto que monopolizaba el comercio con el Nuevo Mundo.El precioso cargamento no fue descargado, ya que los de Sevilla se oponían a ello alegando que era en Sevilla el único lugar donde tal maniobra se podía llevar a cabo. |
La batalla
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Don José Chacón, testigo de excepción, describe así el combate: El domingo 22 de octubre por la mañana arrivó sobre Vigo toda la Armada de Inglaterra, que se componía de más de 150 navíos, los 70 de línea y los restantes de todo género de embarcaciones, incluiendo algunas carcassas de echar bombas, el mismo día por la tarde llegaron a dar fondo en la ría que llaman de Teis, mui cerca de nuestros navíos y luego salí de mi Almiranta con toda la gente de su dotacion al fuerte del Norte a donde estava señalado don Manuel Velasco con todas las Compañías de Infantería de los Vageles franceses. Aquella noche (el enemigo) intentó venir por tres veces a la cadena de donde fue rechazado, por la mañana reconociéndose que su desembarco era por Teis, mandó el Sr. Conde de Chatternaut que todas las demás compañías passaran al fuerte de Rande incluiendo las de mi hermano Don Fernando Chacón y haviendo ganado el fuerte quedó este prisionero y herido en la caveça y viendo el Sr. Conde de Chatternaut que ganado el fuerte de Rande era dueño de los navíos (el enemigo) dio horden para que todos se quemaran, excepto algunos que les faltaron las minas no se prendieron en el incendio, casso bien fatal...... con tanto tesón de una y otra parte, que, mezclados los leños, casi era inútil el cañón. Peleábase con fuegos de inhumano artificio, ollas, camisas y bolas de betún ardiente. Deseaban los franceses venir al borde, porque estaban más bien guarnecidos de gente de guerra; pero los ingleses toda la lid acometieron al fuego, y siendo en número superiores, no podían diez naves defenderse de tanta multitud de leños enemigos, que suplían siempre los maltratados. |


